CAMPEONATO DE BOLOS

CAMPEONATO DE BOLOS

JUGAR, COMPARTIR Y DESCUBRIR NUEVAS CAPACIDADES.

 

Durante los meses de agosto y septiembre de 2026 se llevó a cabo una experiencia diferente y especialmente significativa: un Campeonato de Bolos con la Wii en el que participaron residentes que, hasta ese momento, nunca habían jugado a este tipo de actividad.

 

Todo comenzó con unas primeras sesiones de aprendizaje que se realizaban los viernes por la tarde. Al principio, la Wii era algo nuevo y desconocido para muchos de los participantes. Poco a poco, fueron aprendiendo a manejarla, entendiendo el juego y, sobre todo, perdiendo el miedo a probar. Cada sesión permitía descubrir algo nuevo y, casi sin darse cuenta, aquellas primeras prácticas terminaron convirtiéndose en un auténtico campeonato.

 

Se formaron dos equipos: el Rojo y el Verde, fácilmente identificables gracias a los pañuelos que llevaban al cuello. Este pequeño detalle ayudó a crear identidad de grupo y convirtió cada partida en un momento especial. Había expectación, nervios, risas, comentarios, pequeños piques y, sobre todo, muchas ganas de jugar.

 

Pero lo verdaderamente especial del campeonato no estuvo únicamente en quién consiguió más puntos. Estuvo en todo aquello que ocurrió alrededor.

 

Fue emocionante comprobar cómo algunos residentes que inicialmente presentaban más dificultades fueron capaces de sorprendernos con sus resultados. Personas que quizá no esperábamos que destacaran terminaron convirtiéndose en auténticos protagonistas del campeonato. Cada lanzamiento era una pequeña conquista y cada partida una oportunidad para demostrar que siempre podemos descubrir capacidades que permanecían ocultas.

 

La actividad fue creando, de manera espontánea, un ambiente familiar, divertido y cordial. Los participantes se animaban entre ellos, celebraban los aciertos y compartían las dificultades con naturalidad. Poco a poco, el campeonato dejó de ser simplemente una actividad de ocio para convertirse en un espacio de encuentro y convivencia.

 

Y el entusiasmo no se quedó únicamente entre los jugadores. Otros residentes comenzaron a acercarse para mirar las partidas, comentar los resultados o simplemente “chafardear” y disfrutar del ambiente. Las familias también participaron y se implicaron, aportando su presencia, sus ánimos y sus risas. La sala se fue llenando de pequeñas escenas de complicidad que hicieron que cada jornada tuviera algo especial.

 

De esta manera, una actividad planteada inicialmente como un juego terminó generando algo mucho más valioso: participación, relaciones, ilusión, autoestima y sentimiento de pertenencia.

 

El campeonato nos recordó que el ocio también puede ser una herramienta de intervención social. Jugar permite relacionarse, tomar decisiones, asumir pequeños retos, sentirse capaz y compartir con los demás. Y, en ocasiones, también permite que aparezca una versión de nosotros mismos que no sabíamos que todavía estaba ahí.

 

Como cierre de esta experiencia, se realizó la entrega de diplomas de participación a todos los residentes que formaron parte del campeonato, así como las medallas de oro y plata. Más allá del reconocimiento a los ganadores, cada diploma representaba haber participado, haberse atrevido a aprender algo nuevo y haber formado parte de una experiencia compartida.

 

Queremos destacar especialmente el trabajo y la implicación de Ian, quien durante el periodo de vacaciones de la educadora social Pilar, asumió la responsabilidad de llevar adelante el campeonato y acompañar a los participantes durante las diferentes sesiones. Su compromiso permitió que la actividad continuara desarrollándose con ilusión y buen ambiente.

 

También queremos agradecer el bonito gesto de Ian al participar conjuntamente en el acto de clausura celebrado el viernes 2 de octubre, compartiendo con Pilar este momento final y poniendo el broche de oro a una experiencia que quedará, sin duda, como uno de esos recuerdos especiales del año.

 

Porque este campeonato no se recordará únicamente por quién consiguió la medalla de oro o la de plata. Se recordará por las risas, los nervios, los aplausos, las sorpresas, los pañuelos rojos y verdes, los residentes que se acercaban a mirar, las familias que se sumaron al ambiente y, especialmente, por haber creado durante unas semanas un espacio en el que todos tuvieron algo que celebrar.

 

Una experiencia que nos volvió a demostrar que nunca es tarde para aprender, para sorprendernos a nosotros mismos y, sobre todo, para disfrutar juntos.